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Desde hace ya un buen tiempo, varios sitios de viajes permiten que sus usuarios hagan comentarios y evaluciones de diversos servicios turísticos, como hoteles, transportes y comidas. Sitios como Trip Advisor, propiedad de Expedia, y Priceline cuentan con millones de evaluaciones realizadas sobre una enorme cantidad de servicios turísticos. La idea de fondo: asumir que los usuarios harán revisiones honestas de los productos turísticos por los que han pagado, y que en tanto viajeros podrán dar información relevante para otros potenciales consumidores.
Pero esa posibilidad de mayor participación tiene su lado menos honesto. Recientemente The Washington Post publicó una nota sobre evaluaciones interesadas en este tipo de sitios. Básicamente, personas cercanas a determinados servicios, como hoteles, se hacen pasar por turistas y publican comentarios altamente favorables para ciertas empresas. Tal comportamiento, de extenderse demasiado, quitaría a estas plataformas colaborativas mucho de su sentido: la de ser un intercambio neutral de información entre viajeros.
Pero los sitios más importantes ya han tomado medidas. Priceline, por ejemplo, sólo deja comentar sobre determinados servicios cuando sus registros dan cuenta de que esa persona los ha usado o contratado. Trip Advisor, por su parte, tiene personal especializado que revisa cada mensaje y elimina aquellos sospechosos. En la industria, de todos modos, no están tan alarmados por el tema. Rob Solomon, CEO de SideStep, cree que no más de 2 al 3% de las revisiones son interesadas, y que de todos modos los usuarios son inteligentes y saben reconocer aquellos mensajes sospechosos.
Aún cuando las cifras no parezcan alarmantes, el progresivo crecimiento de las posibilidades de colaboración en muchos sitios de viajes exigirá tener bastante cuidado a la hora de supervisar los comentarios que dejan los usuarios. Lo importante es seguir dando importancia a la palabra del viajero, pero a la vez no permitir que algunos interesados terminen arruinando el valor de toda la plataforma.












Es interesante lo que comentas, Jorge, porque afecta directamente a la credibilidad de las páginas. A los usuarios solo nos queda el recurso de realizar una media ponderada de las evaluaciones, eliminar las que son exageradamente positivas, las que son rematadamente negativas, y construirnos una idea a partir del resto. Lo cual no deja de ser injusto, porque un hotel puede ser maravilloso, al huésped le ha podido parecer maravilloso, y sin embargo, su evaluación puede despertar sospechas por esa misma razón. El signo de los tiempos.
Por otra parte, incluso las evaluaciones bienintencionadas son retratos realizados por un individuo irrepetible en unas circunstancias puntuales en un momento determinado. Es como el que va a la playa más bonita del mundo justo cuando está pasando un huracán. Evidentemente, no le va a ver la belleza por ninguna parte.
En fin, que viajar sigue y seguirá siendo una aventura, y los recursos que encontramos en la Web 2.0 son herramientas útiles que gracias a su fragilidad no acaban matando del todo el espíritu aventurero.
Efectivamente, la credibilidad es algo difícil de construir y mantener. En el momento en que los visitantes de tu sitio comienzan a sospechar, las cosas comenzarán a ir mal. Pero a la vez es muy complicado definir que tipo de comentarios es interesado, en particular si éste está hábilmente escrito. O sea, sin maravillosas exageraciones ni brutales condenas. Veremos como evoluciona el tema, pero a medida que más personas aprendan a jugar el juego, más complicado se volverá distinguir rápidamente entre comentarios interesados e imparciales.
Jorge!,
Excelente nota, comparto que la unica forma de palear este problema es que los booking sites solo admitan opiniones verificadas ( quienes cursaron la reservacion a traves de ellos mismos ) y por email, cookies o lo que sea puedan permitir elogios o criticas genuinas,
saludos desde Mendoza,
Mariano.
Desde la prespectiva de quien edita dos portales de Turismo, y que intenta aportar un valor más a su información mediante la inserción de los comentarios realizados por los clientes,creo que puedo aportar alguna idea a esta interesante cuestión.
Cualquier tipo de filtro que se ponga a la publicación de los comentarios, será valorado negativamente por alguna de las partes, bien sea el que realiza el comentario o bien quien lo recibe.
Atreverse a captar y publicar opiniones representa el riesgo, quien tenga la libertad de poder hacerlo, le anímo a que lo haga, pero ¿quien es libre para hacerlo? Todos tenemos nuestras dependencias y cuando los comentarios no son favorables nadie quiere asumir el mal servicio, la mala imágen, o la mala fe.
Pero en todo esto hay un lado que núnca he visto reflejado en ningún foro, ¿Cuanto de amarillismo hay en el transfondo de todo esto?
¿Hasta que punto, el morbo es lo que mueve el interés de conocer cuales son las opiniones negativas?. ¿realmente estamos tan faltos de criterios que necesitamos el comentario de los demás para tomar nuestras propias decisiones?
Saludos
http://www.iberiarural.es
Francisco, no comprendo cuál es la relación entre la “falta de criterio” y querer conocer las opiniones de los demás para tomar nuestras propias decisiones. ¿Acaso no es normal consultar a otras personas que han visitado cierto destino antes de decidirnos a ir a él? Las opiniones negativas, en ese sentido, son parte de un universo posible de opiniones. Es cierto que muchas personas sólo tienden a buscar publicar sus expresiones cuando quieren quejarse, pero muchos otros usuarios de la Red, regularmente, dan a conocer opiniones positivas sobre ciertos servicios. Pero de ahí a vincular la posibilidad de expresarse con el simple morbo… Francamente no estoy nada de acuerdo con ese tipo de evaluaciones de la participación de las personas en sitios de Internet.